el baúl de la nona

martes, julio 11, 2006

Interrogantes 1

¿Por qué seremos tan mezquinos para elogiar lo bueno, lo gracioso y lo positivo; y tan pródigos a la hora de criticar, ridiculizar e insultar a los demás?
¿Cómo es que siempre nos la ingeniamos, para culpar a los demás de nuestros errores; y jamás reconocemos que podríamos haberlo hecho mejor?
¿Será posible que nadie diga: "si señores, lo siento, yo los voté, pero me equivoqué y les pido disculpas, confié en lo que me dijeron y fuí engañado una vez más"?
¿Dónde está la verdad, dónde la mentira?
¿Qué se esconde atrás de la improvisación?

viernes, julio 07, 2006

Todo en su justa medida.

Veamos.
Es como con el dulce de leche, el chocolate o el buen tinto.
Si comemos o tomamos demasiado, nos empalagamos o nos mamamos y al otro día nos sentimos como el reverendo.
Con el football es lo mismo, como con cualquier otro deporte o actividad, o juego, o lo que sea.
Un poquito, o mucho, pero con calidad, sin imponer y sin molestar.
Pero cuando la cosa se transforma en una imposición, o no se habla más que de ESO, no se oye otra cosa, no se ve nada más, ¡aburre!, ¡rompe las bolas!.
Perdonen los que se sienten lesionados o (como el ejemplo) piensan que ya estoy aburriendo con el tema.
Es la última vez que lo menciono, y conste que es para aclarar a los que siguen insistiendo que opino, porque no se nada de football y porque no me gusta.
Confieso, no se nada del apasionante deporte de multitudes, pero, sí me gusta. Cuando es un espectáculo, un deporte bien jugado, una diversión, o un entretenimiento.
Cuando se transforma en la expresión lamentable de frustración de unos cuantos, o en la forma de currar de muchos, que no saben hacer otra cosa, o lo hacen tan mal que da pena, entonces es una bosta.
Ver un partido, bueno o malo, emocionarse o sufrir, disfrutar o amargarse, depende de cada uno y está bien.
Pero escuchar un montón de ineptos que opinan como si fueran profesores universitarios, o estuvieran explicando física cuántica, con una soberbia y una falta total de profesionalismo, pero que nunca asistieron a una clase de comunicación, ¡no!
Algunos debieran dedicarse a la profesión que la Udelar les brindó, en vez de enredarse en explicaciones de lo que todo el mundo ya vió, y no hacer el triste papel de "comunicador", "comentarista", alcahuete, o detractor de jugadores, a los que una opinión de éstos supuestos "expertos" pueden dañar para siempre, o lo que es más injusto, alabar a los que no se lo merecen, pero, a ellos les conviene.
Por todo ésto Señores, es que me siento incómoda con lo que despierta el Mundial de Football, no con el deporte en sí. Que sí me gusta, ¡y voy a festejar cuando Italia salga campeón!
¿Tamos?

martes, julio 04, 2006

Y yo también me subo al carro.

Y si, estoy contenta.
Después de tanto tiempo soportando tonterías, una buena.
Se lo merecen y ojalá que sean los campeones del mundo.
Me parece que van a ser pocos los que ganen una penca que se haya formado al inicio de todo ésto ¿no?
Después de todo, el football no solo da molestias.
¡Auguri, e forza Italia!

jueves, junio 29, 2006

Veinte días.

Hoy, primer día sin partidos.
Sin oír a los elocuentes periodistas deportivos escupir sus inteligentes comentarios.
Mediodía sin televisión, tarde sin apuros.
No me vengan con la misma letanía de siempre: " a vos porque no te gusta el football...", "tenías que ser mujer...!", "¿por qué no compartís con tu marido ...?
¡Mecachis!
Prefiero un mediodía como el de hoy, escuchando a Carla Bruni, almorzando tranquilamente y no escuchar al pelado cara de hongo de Tenfield, diciendo gansadas.
¿Por qué todos tenemos que "disfrutar", del deporte más popular del mundo?
¿Es tan difícil comprender que hay gente que no se emociona con un partido?
Es lindo sí, gozarla cuando España pierde contra Francia, porque se la creían y ya se veían campeones.
Desear que Brasil pierda contra el que sea, para que no sean tan babosos.
Y que Argentina gane, hasta llegar a la final, pero no salga campeón, porque si no, ¡quién los aguanta!
Opinar, saber quién gana y quién pierde, quién jugó mejor, si mereció ganar, comentar, divertirse.
Pero vivir pendiente de la hora, atrasar la comida de todos y no permitir que nadie diga ni pío hasta que se cumplan los 90 minutos reglamentarios, es algo que no entiendo !
¡Y al que no le guste lo que digo, que se haga "dark"!.

sábado, junio 03, 2006

Día Amargo.

Hoy quisiera saber escribir bien.
Expresame con claridad y corrección gramatical, como nunca lo he hecho.
No me importan la elocuencia, ni la gracia.
Tampoco el estilo.
No estoy pensando en hacer un buen post.
Lo único que me importa es que todo el mundo se entere que Enrique Santacruz era un Señor, un buen esposo y padre, un amigo excepcional, una buena persona.
No importa que no lo conocieran, importa que lo sepan, que lo lean y lo recuerden.
Siento amargura, tristeza y una furia incontenible.
Hoy insulté, lloré, recé y maldije.
Pero sobretodo, recordé.
Buenos momentos, charlas amenas, discusiones de amigos, risas.
Dejo de lado la rabia y me pregunto: ¿porqué suceden cosas tan penosas?, ¿cómo es posible que dos malnacidos nos priven de un momento a otro de un ser tan querible y valioso?
No hay respuesta, solo impotencia.

martes, mayo 30, 2006

Suerte.

Vayan a Google, busquen "Miserable failure" y cliqueen "voy a tener suerte".
Después me cuentan.
Para los que ya lo descubrieron, ahórrense la molestia de decírmelo y demostrar lo atrasada de noticias que estoy.
Los que no, disfrútenlo antes que alguien lo haga desaparecer.
Mentes iluminadas, abstenerse.

martes, mayo 09, 2006

Me acuerdo que hace unos años, para insultar a alguien, se recurría a elementos cándidos.
Todo era muy vegetariano y relacionado con algo comestible.
La gente era bastante inocente, menos mal intencionada, más pacata, menos agresiva.
Era común decir éste es un "nabo", o un "papa frita", o un "zanahoria".
"¡Qué salame!", "¡Este es un chorizo!"
No hace mucho, hasta un actual Ministro utilizó uno de esos términos, para replicar a un renombrado periodista.
Era comùn decir "es un plandeleche" cuando alguien era muy bueno, y "qué vinagre" o "es un ají picante" cuando tenìa mal carácter y era muy malhumorado. "Se le subiò la mostaza", si se enojaba.
¿Era mejor, era menos natural, seríamos reprimidos, es mejor ahora?
"Boludo, pelotudo, cara de orto, mal cogida, pajero" son los insultos normales, hoy.
Si un niño, niña, adolescente o joven de hoy no tiene en su vocabulario diario un insulto es éstos, no sabe, o no puede comunicarse.
En cualquier conversaciòn normal, se utiliza ese léxico. Si no se insultan, no se entienden.
Si no lo usan, no pertenecen.
Es más que una costumbre.
En todos los ámbitos hay agresión, le ponemos epítetos a todo, y a todos.
Nos peleamos en el tránsito, en el trabajo, en la escuela, en casa, y hasta por internet.
No hablo de la "mala palabra", el insulto como recurso para enfatizar un escrito, o para demostrar enojo, rabia, o estados alterados.
Es una postura, cada vez más extendida, más aceptada y más característica de nuestra región y de nuestro paìs. Aunque sea importada.
No soy quién para decir qué está bien, o mal. No soy palabra autorizada, en nada.
Solo tengo derecho, a decir lo que pienso.
Y que se considere cada vez más como un recurso gracioso, ocurrente, una gran demostración de inteligencia, de rapidez mental, de "ser piola", me da mucha pena.
Es como perder la identidad.

Sesenta días.

Treinta, solo para el comienzo.
De avisos, menciones, comentarios, elucubraciones magnìficas de ¿periodistas? deportivos, ruedas de prensa, fotos, artículos, sorteos, bromas, chistes, pronósticos, pencas, etc.
Y, treinta más para el final.
Partidos, partidos, partidos, comentarios, discusiones, peleas, partidos, partidos, partidos, gritos, festejos, llanto, más partidos, más discusiones, más peleas.
Líos en el matrimonio.
Y algùn que otro romance liquidado.
Muchas mujeres solas, mucho cine, mucho video o DVD, las más leales.
Menos mal que es cada cuatro años.
Me siento como el del aviso de "La Nación", lloro de solo pensar en el Mundial, pero no de emoción.